Cuento - En Monje de Algún Lugar.
Siento que mis manos comienzan a endurecerse, al igual que el resto de mi cuerpo. Podría moverlas si quisiera, pero no hay deseo y no hay necesidad. La rigidez que se apodera de mí no me provoca ninguna emoción, ningún pensamiento. Solo es. Todo es el Observante Silencio.